Linaje del Sangrado Femenino

Escrito por Mónica Cecilia Suárez Arteaga.

La hija de Inesita, que a su vez es hija de María, que a su vez es hija de Tere, que a su vez es hija de Doloritas. Una trenza inacabada sobre el origen de nuestro linaje femenino que conjuga nuestras relaciones uterinas entretejiendo el dolor menstrual, la feminidad, la fecundidad, la creatividad, las enfermedades, la fertilidad y el aborto. 

Esta trenza es una conjugación genética de nuestra historia familiar que se repite inacabadamente en cada nueva generación: ciclos, cadenas, reproducción de patrones, estructuras de pensamiento y hasta memes: unidades de pensamiento que consolidan la relación con nuestra menstruación y con nuestro útero. Expresiones como “Eso le va a doler toda la vida”, “si uno está menstruando no puede hacer nada”, “ya va a empezar a padecer el cristo”, ¿“Ya enfermó”? son pequeñas unidades de pensamiento que pasan de generación en generación y bloquean y rechazan la relación con nuestro sagrado/sangrado femenino. 

La revolución interior conectada con la luna posee en sí misma la sangre más pura del cuerpo que se aloja en el útero, la sangre es el fluido más ancestral donde se guarecen las memorias, los recuerdos más antiguos e incluso las experiencias de cada mes y de cada día. Cuando hay dolor el cuerpo se está limpiando, se está liberando, y es una sangre tan potente que podría dar origen a una nueva vida cada mes. Tiene alto contenido en células madre, agua, proteínas, minerales, lípidos, hormonas y nutrientes. Su maravilloso color es un indicativo de la salud general de nuestro cuerpo.   El linaje matrilineal también carga la justicia y la injusticia, los traumas, los sueños, el apego, las adicciones, las frustraciones y la relación con el masculino, ahí están reflejadas las memorias uterinas que vienen de generación en generación a través de la resonancia vibracional del ADN.

 

¿Cómo sanamos y transformamos a partir del útero?

Sanar nuestras memorias y linaje femenino significa ser consciente de lo que le enviamos a nuestro cuerpo físico, emocional y energético cada mes. Reconectar con nuestra ancestralidad comienza por decirle al cuerpo mensajes positivos, “amor y belleza en esta fuente inacabada de vida”, “salud física y emocional es lo que reflejas”, “amo y acepto mi envase femenino renovador de ciclos”, “sagrada sangre dadora de vida”, percibiendo al útero como lo que es: un campo de alquimia.  

Desde el dolor y desde el amor pedir permiso a las ancestras a través de la cadena de úteros para cambiar y transformar lo que se tenga que modificar, invocar su fuerza para hacerlo diferente, y recibir su bendición en visualización para el cambio.

Valorar y amar el vínculo con nuestra madre, abuela, y bisabuela, permitirá que 5 generaciones hacia atrás y 5 generaciones hacia adelante elaboren en conciencia y energía cuántica la experiencia de nuestro linaje.

Reconectar con la Gran Madre Primigenia como nuestras ancestras lo hicieron, es regresar esa maravillosa sangre a la tierra, a las plantas, no a al basurero.  Que la copa menstrual sea tu copa sagrada donde recopilas tu antigüedad y la regresas a la Gran Madre, a la más generosa, a la más antigua de nosotras: la Madre Tierra. Vertiendo sobre ella y ofreciendo la matriz a la luz, en un cierre circular del ciclo sagrado femenino.

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